A menudo en consulta, nos encontramos con personas que viven en conflicto debido a la identificación con un rol, es decir, con un personaje.
Por ejemplo, alguien que se siente como el “ogro” o se identifica con el inútil, el tonto o el ignorante o la víctima. Otros pueden estar identificados con el sabio, el que lo conoce todo y siempre tiene razón, o con el rol de salvador, el que ayuda a todo el mundo, etc…
Existen infinidad de roles con los que nos podemos identificar, el problema es que si no somos conscientes, quedamos encasillados y nuestras capacidades y potenciales se verán limitados.
Todos interpretamos diferentes personajes, y dependiendo del entorno, ponemos en marcha unos u otros, en base a lo que hemos aprendido en nuestra historia de vida o en base a lo que nos ha sido transmitido sobre quiénes somos.
Solemos tener predilección por un personaje, ese que interpretamos más frecuentemente y que puede acabar invadiendo todos los ámbitos de nuestra vida. La consecuencia de ello es que terminamos creyendo que somos ese personaje y olvidamos que somos mucho más que las personalidades que interpretamos en nuestra experiencia humana. Detrás de todos esos personajes está siempre el observador, la Esencia inmutable, intacta y perfecta que somos… Cuando soy consciente de esto y permanezco en contacto con mi verdadera identidad espiritual, puedo interpretar los personajes que quiera, como un juego, y elijo aquellos que me hacen más feliz, como por ejemplo: el exitoso, el pacífico, el creativo…